Crítica del libro

Harry Potter y la Orden del Fénix es el libro más oscuro hasta ahora en la serie. Como todos los tomos anteriores, trata sobre el camino de Harry hacia la madurez, pero en éste precisamente encontramos a Harry en la parte más difícil de ese proceso; con quince años cumplidos, su personalidad empieza a tomar una forma más definida, una mezcla entre la simpleza de su heroísmo y los desencantos que recibe durante éste, su quinto año en la escuela Hogwarts.

   El estilo literario es el mismo que en los libros anteriores; tiene un poco de ingenio, un poco de dramatismo y mucho de ese sentido de suspenso que se le da tan bien a Rowling. Con esto último me refiero a la estructura misma de todos sus libros, la cual no permite dejar de leerlos hasta terminar. Siempre introduce dudas que no se resolverán hasta cientos de páginas más tarde, incluye historias paralelas para retrasar la escena que estamos esperando, ata un cabo para dejar dos sueltos, y así sucesivamente. Me parece que la habilidad de Rowling para hacer literatura entretenida y adictiva es tan importante para su popularidad como la misma historia que ha creado. He leído cada una de las novelas de Harry Potter en una sola noche, sin parar en absoluto... hasta ésta.

   Una de las razones más obvias para que este libro no tenga una lectura tan fluida es el volumen mismo del tomo, con más de 800 páginas en la versión en inglés. Es probable que en español tenga más de 1000, un número parecido al de los tres tomos de El Señor de los Anillos. Me ha parecido curioso, y celebro a Rowling por sostenerlo, el hecho de que cada uno de los tomos sea más grande que el anterior, pero al paso que va, el séptimo libro tendrá que ser dividido a su vez en dos volúmenes.

   Tantas páginas no pueden estar llenas de aventuras vertiginosas y revelaciones impactantes, así que la cantidad de relleno en este libro es considerable. Es mi opinión que Rowling ha pasado paulatinamente de ser una autora de libros infantiles a una escritora de bestsellers. Lejos están las páginas divertidas y condensadas con magistral economía de los primeros libros; el quinto libro, más aún que el cuarto, tarda demasiado en empezar, el estilo se vuelve repetitivo, y muchas de las escenas parecen estar planeadas y descritas desde un inicio para ser llevadas al cine antes que funcionar como literatura. Por otro lado se le agradece que las referencias recordatorias a libros anteriores se hayan minimizado un poco.

   Éste es un libro que aborda temas un poco más maduros que los anteriores, también es una de las virtudes de Rowling el lograr que sus personajes crezcan de manera creíble al paso de los años. Sin embargo, el estilo al escribir sigue siendo el mismo, incluso parece haber un cierto retroceso del cuarto libro a éste. Lo que quiero decir es que estamos frente a un libro que no parece haber sido dedicado ni a niños ni a adultos: el estilo y la trama son demasiado simplificados comparados con algunos elementos que la autora ha introducido. Siento que un adulto puede sentirse decepcionado por la falta de evolución que han tenido aspectos de la historia, mientras que a un niño menor a 13 años le puede parecer un libro en extremo pesado y angustiante. El hecho de que la portada anuncie que el libro está pensado para niños de 9 años en adelante no es más que una estrategia de ventas.

   La angustia por el personaje incomprendido y las injusticias que sufre es uno de los motores que mueven la historia, y funciona perfectamente. Harry siempre ha estado en la mira de su entorno, criticado por compañeros, maestros y gente del exterior por cada una de sus acciones; es un elemento que ayuda al crecimiento del personaje y a nuestra simpatía por él. Todos los libros tienen una alta dosis de su sufrimiento, sentimos su rabia. Aquí la angustia no sólo es una parte importante, en realidad es el tema principal. Cada uno de los capítulos está permeado de expectación y un sentido de injusticia.

   En Harry Potter y la Orden del Fénix, Harry está más lleno de rabia que nunca. A algunos les ha parecido exagerado o incluso molesto, el hecho de que el protagonista empiece a perder la calma con más facilidad, lo que para mí es un gran acierto. Todos recordamos cuando teníamos quince años, algunos de ustedes deben estar pasando en este momento por esa edad, y sabemos lo que se siente estar perdido entre la infancia y la madurez; sentimos que no se nos da suficiente importancia, que los adultos no nos incluyen en sus secretos, nos incomodamos con nuestra inexperiencia con el sexo opuesto, y en general estamos llenos de impotencia por las injusticias del mundo. Estas preocupaciones pueden ser exageradas para uno de nosotros, pero en el caso de Harry están mucho más que fundamentadas.

   Algunos analistas ven en La Orden del Fénix una etapa de descomposición, la parte de la serie en la que muchas creencias se derrumban y la vida del mismo protagonista se corrompe poco a poco. Esta visión convertiría de algún modo los últimos tres libros de la saga en una trilogía con estructura propia, de la que este tomo sería el inicio, un inicio de crisis desde el cual el Héroe regresará para levantarse en los últimos dos volúmenes. Esto tiene sentido para mí. Me parece que Harry siempre ha carecido de una personalidad definida, característica necesaria en muchos héroes para captar el interés de una audiencia grande y desigual, y me gustaría que Harry obtuviera junto con la madurez, una personalidad propia de las lecciones aprendidas en este último libro.

   No se puede decir que en esta novela se narre la pérdida de la inocencia de Harry, pues ya en libros anteriores ha hecho frente a dificultades de las que muchos adultos huirían acobardados; ha visto la muerte y ha peleado con el mal frente a frente, aún sin llegar a una muy necesitada madurez. Lo que Harry pierde en este libro es aún más importante: su confianza en el mundo de los adultos.

   Para empezar está por supuesto el Ministerio de Magia, una institución casi inservible, cerrada y llena de burocracia, manejada de un modo tan caprichoso que parece fomentar la injusticia y la ignorancia. Desde el tercer libro Harry se ha enfrentado a la falta de visión de los funcionarios de esta institución, y no es de sorprender que en este quinto libro este conflicto cobre más importancia. Una característica casi constante de los adolescentes es la falta de respeto al gobierno, y Rowling parece hacer del abuso de poder un tema importante en este libro.

   No sólo el ministerio pierde credibilidad. Prácticamente todos los adultos se desmitifican durante la historia, demuestran sus fallos e, incluso, parecen traerle a Harry más problemas de los que le resuelven. Harry entonces queda sin figura paterna. Todos aquellos hombres que han tratado de jugar ese papel demuestran ser desilusionantes, desde Hagrid hasta el mismísimo James Potter. No hay títere que quede con cabeza.

   Es desesperante ver cómo el conflicto que guía este libro es totalmente innecesario, cómo pudo haber sido impedido desde un inicio con un poco de sentido común por parte de algunos personajes clave. Leí en una opinión interesante sobre esta serie que Harry llegaba al mundo de la magia dejando atrás un sitio donde todos los adultos eran estúpidos. Para mí, en este volumen se ilustra que en ese sentido, el mundo de la magia no es muy diferente al de los muggles.

   Tal vez he revelado más de lo que debería, pero es mi opinión que en este libro, a diferencia de los anteriores, las sorpresas son menos importantes que el viaje en sí, y esa es la principal razón de que sea el más decepcionante. Después del final de la cuarta parte era natural esperar una historia mucho más llena de emociones y que resolviera una gran cantidad de dudas. Sin embargo debajo de una narrativa excelente tenemos una trama muy pobre que, como dije anteriormente, es prácticamente innecesaria para la evolución de la historia. Obviamente no podía revelarse demasiado, pues aún faltan dos libros, pero llegamos a lo que para mí es el principal problema de este libro. Después de la mencionada angustia que se palpa en estas páginas, del titánico tamaño del libro en sí, de la larga espera y expectación, las recompenses son muy pocas.

   Se ha ganado mucho en la profundidad de los personajes, pero todo esto a costa de la trama. En todos los tomos anteriores Harry era incomprendido, se enfrentaba a grandes problemas, y nosotros como lectores teníamos que seguir y seguir leyendo para encontrar un final sorprendente e inesperado. En este caso la angustia parece no terminar nunca, y tanto las revelaciones y las alegrías que obtenemos junto con Harry no son suficientes.

   Todo esto, obviamente, es un sentimiento general sobre el libro, y muy personal. Durante la lectura esta aventura no parece tan diferente a las demás, y sin duda tenemos una buena cantidad de novedades: Conocemos a la famosa Orden del Fénix, y con ella a varios nuevos personajes; encontramos cambios en el equipo de Quidditch de Gryffindor; somos presentados con la peor profesora de Defensa contra las Artes Oscuras hasta el momento, lo cual era difícil de lograr; los alumnos de quinto año deben presentar sus exámenes OWL’s, lo cual implica empezar a pensar en su futuro después de Hogwarts; vemos más a fondo las motivaciones de personajes como Severus Snape, y evolución en otros como Ginny Weasley; además tenemos una escena de acción como no la ha habido en ninguno de los libros anteriores, y sí, algo de romance también.

   Así que a pesar de algunas decepciones, no puedo considerar este libro como una pérdida de tiempo, todo lo contrario. Con todo y la debilidad de la historia, este es un libro de Harry Potter, y eso significa entretenimiento de la mejor calidad. Seguro padecerán mucho con este libro, se desesperarán junto con Harry, tendrán esperanza y desesperanza, y, al final, desearán que el sexto libro ya estuviera en sus manos.

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