Capítulos del Tercer Libro

 

► El  tercer libro tiene 359 páginas, superando a las dos anteriores, aunque hay que tener en cuenta y como curiosidad, que varias paginas que cuentan como tal, no están marcadas, sino totalmente en blanco sin letra para poder enlazar bien en la enmaquetación del libro final. Los capítulos 19 y 20 son los más cortos de la saga con apenas 6 páginas de historia. Los capítulos del  tercer libro vienen acompañados de un pequeño fragmento del comienzo de los mismos, así como la dedicación del libro, así como la dedicación del libro:

A Jill Prewett y Aine Kiely,

madrinas de Swing.

 

 1.  Lechuzas mensajeras (pgs. 7 - 18)

Harry Potter era, en muchos sentidos, un muchacho diferen­te. Por un lado, las vacaciones de verano le gustaban menos que cualquier otra época del año; y por otro, deseaba de ver­dad hacer los deberes, pero tenía que hacerlos a escondidas, muy entrada la noche. Y además, Harry Potter era un mago...

 

 2. El error de tía Marge (pgs. 19 - 30)

Cuando Harry bajó a desayunar a la mañana siguiente, se encontró a los tres Dursley ya sentados a la mesa de la coci­na. Veían la televisión en un aparato nuevo, un regalo que le habían hecho a Dudley al volver a casa después de terminar el curso, porque se había quejado a gritos del largo camino que tenía que recorrer desde el frigorífico a la tele de la sali­ta...

 

 3. El autobús Noctámbulo (pgs. 31 - 44)

Después de alejarse varias calles, se dejó caer sobre un muro bajo de la calle Magnolia, jadeando a causa del esfuerzo. Se quedó sentado, inmóvil, todavía furioso, escuchando los lati­dos acelerados del corazón. Pero después de estar diez minu­tos solo en la oscura calle, le sobrecogió una nueva emoción: el pánico...

 

 4. El Caldero Chorreante (pgs. 45 - 61)

Harry tardó varios días en acostumbrarse a su nueva liber­tad. Nunca se había podido levantar a la hora que quería, ni comer lo que le gustaba. Podía ir donde le apeteciera, siem­pre y cuando estuviera en el callejón Diagon, y como esta ca­lle larga y empedrada rebosaba de las tiendas de brujería más fascinantes del mundo...

 

 5. El dementor (pgs. 63 - 83)

A la mañana siguiente, Tom despertó a Harry, sonriendo como de costumbre con su boca desdentada y llevándole una taza de té. Harry se vistió, y trataba de convencer a Hedwig de que volviera a la jaula cuando Ron abrió de golpe la puer­ta y entró enfadado, poniéndose la camisa...

 

 6. Cunchos de té y garras de Hipogrifo (pgs. 85 - 105)

Cuando Harry, Ron y Hermione entraron en el Gran Come­dor para desayunar al día siguiente, lo primero que vieron fue a Draco Malfoy, que entretenía a un grupo de gente de Slytherin con una historia muy divertida. Al pasar por su lado, Malfoy hizo una parodia de desmayo, coreado por una carcajada general...

 

 7. El boggart del armario ropero (pgs. 107 - 120)

Malfoy no volvió a las aulas hasta última hora de la maña­na del jueves, cuando los de Slytherin y los de Gryffindor estaban en mitad de la clase de Pociones, que duraba dos ho­ras. Entró con aire arrogante en la mazmorra, con el brazo derecho en cabestrillo y cubierto de vendajes, comportán­dose, según le pareció a Harry, como si fuera el heroico su­perviviente de una horrible batalla...

 

 8. La huída de la señora gorda (pgs. 121 - 137)

En muy poco tiempo, la clase de Defensa Contra las Artes Oscuras se convirtió en la favorita de la mayoría. Sólo Draco Malfoy y su banda de Slytherin criticaban al profesor Lupin:

—Mira cómo lleva la túnica —solía decir Malfoy murmu­rando alto cuando pasaba el profesor—. Viste como nuestro antiguo elfo doméstico...

 

 9. La derrota (pgs. 139 - 155)

El profesor Dumbledore mandó que los estudiantes de Gryf­findor volvieran al Gran Comedor; donde se les unieron, diez minutos después, los de Ravenclaw, Hufflepuff y Slytherin. Todos parecían confusos...

 

 10. El mapa del merodeador (pgs. 157 - 178)

La señora Pomfrey insistió en que Harry se quedara en la enfermería el fin de semana. El muchacho no se quejó, pero no le permitió que tirara los restos de la Nimbus 2.000. Sabía que era una tontería y que la Nimbus no podía repararse, pero Harry no podía evitarlo. Era como perder a uno de sus mejores amigos...

 

 11. La Saeta de Fuego (pgs. 179 - 195)

Harry no sabía muy bien cómo se las había apañado para re­gresar al sótano de Honeydukes, atravesar el pasadizo y en­trar en el castillo. Lo único que sabía era que el viaje de vuelta parecía no haberle costado apenas tiempo y que no se daba muy clara cuenta de lo que hacía, porque en su cabeza aún re­sonaban las frases de la conversación que acababa de oír...

 

 12. El Patronus (pgs. 197 - 211)

Harry sabía que la intención de Hermione había sido buena, pero eso no le impidió enfadarse con ella. Había sido propie­tario de la mejor escoba del mundo durante unas horas y, por culpa de Hermione, ya no sabía si la volvería a ver. Estaba seguro de que no le ocurría nada a la Saeta de Fuego, pero ¿en qué estado se encontraría después de pasar todas las pruebas antihechizos?...

 

 13. Gryffindor contra Ravenclaw (pgs. 213 - 225)

Parecía el fin de la amistad entre Ron y Hermione. Estaban tan enfadados que Harry no veía ninguna posibilidad de re­conciliarlos.

A Ron le enfurecía que Hermione no se hubiera tomado en ningún momento en serio los esfuerzos de Crookshanks por comerse a Scabbers, que no se hubiera preocupado por vigilarlo, y que todavía insistiera en la inocencia de Crookshanks y en que Ron tenía que buscar a Scabbers debajo de las camas...

 

 14. El rencor de Snape (pgs. 227 - 243)

En la torre de Gryffindor nadie pudo dormir aquella no­che. Sabían que el castillo estaba volviendo a ser rastreado y todo el colegio permaneció despierto en la sala común. esperando a saber si habían atrapado a Black o no. La pro­fesora McGonagall volvió al amanecer para decir que se había vuelto a escapar...

 

 15. La final de Quidditch (pgs. 245 - 262)

—Me ha enviado esto —dijo Hermione, tendiéndoles la carta. Harry la cogió. El pergamino estaba húmedo; las grue­sas lágrimas habían emborronado tanto la tinta que la lec­tura se hacía difícil en muchos lugares...

 

 16. La predicción de la profesora Trelawney (pgs. 263 - 276)

La euforia por haber ganado la copa de quidditch le duró a Harry al menos una semana. Incluso el clima pareció cele­brarlo. A medida que se aproximaba junio, los días se volvieron menos nublados y más calurosos, y lo que a todo el mundo le apetecía era pasear por los terrenos del colegio y dejarse caer en la hierba, con grandes cantidades de zumo de calabaza bien frío, o tal vez jugando una partida improvi­sada de gobstones, o viendo los fantásticos movimientos del calamar gigante por la superficie del lago...

 

 17. El perro, el gato y la rata (pgs. 277 - 289)

A Harry se le quedó la mente en blanco a causa de la impre­sión. Los tres se habían quedado paralizados bajo la capa in­visible. Los últimos rayos del sol arrojaron una luz sanguino­lenta sobre los terrenos, en los que las sombras se dibujaban muy alargadas. Detrás de ellos oyeron un aullido salvaje...

 

 18. Lunático, Colagusano, Canuto y Cornamenta (pgs. 291 - 297)

 Era tan absurdo que les costó un rato comprender lo que ha­bía dicho. Luego, Ron dijo lo mismo que Harry pensaba:

—Están ustedes locos.

—¡Absurdo! —dijo Hermione con voz débil...

 

 19. El vasallo de Lord Voldemort (pgs. 299 - 314)

Hermione dio un grito. Black se puso en pie de un salto. Harry saltó también como si hubiera recibido una descarga eléctrica.

—He encontrado esto al pie del sauce boxeador —dijo Snape, arrojando la capa a un lado y sin dejar de apuntar al pecho de Lupin con la varita—. Muchas gracias, Potter, me ha sido muy útil...

 

 20. El beso del dementor (pgs. 315 - 320)

Harry no había formado nunca parte de un grupo tan extraño. Crookshanks bajaba las escaleras en cabeza de la comiti­va. Lupin, Pettigrew y Ron lo seguían, como si participaran en una carrera...

 

 21. El secreto de Hermione (pgs. 321 - 343)

—Asombroso. Verdaderamente asombroso. Fue un milagro que quedaran todos con vida. No he oído nunca nada pareci­do. Menos mal que se encontraba usted allí, Snape...

—Gracias, señor ministro...

 

 22. Más lechuzas mensajeras (pgs. 345 - 359)

—¡Harry! —Hermione le tiraba de la manga, mirando el re­loj—. Tenemos diez minutos para regresar a la enfermería sin ser vistos. Antes de que Dumbledore cierre la puerta con llave.

—De acuerdo —dijo Harry, apartando los ojos del cie­lo—, ¡vamos!...